Cuando leí aquel anuncio en la prensa, me llamó realmente la atención:
“Viciosa del beso negro sucio. Masaje bocoanal profundo.” Solo con leerlo
ya senti una una especial excitación. Quizá porque desde siempre me han
gustado las situaciones “fuertes”. La verdad es que mi vida matrimonial
no es precisamente una maravilla. Mi mujer es una maniática de la limpieza
corporal. No hay vez que vayamos a hacer el amor que no me pida que me
duche antes, que me limpie muy bien el miembro, que me lave los dientes...¡Es
insoportable! La sola idea de hacerlo sin pasar antes por el agua y el
jabón, ya me exicita. Cuanto más, la posibilidad de que alguien me coma
el culo...esté como esté. Así que me armé de valor y llamé. La cita fué
para la tarde de un sábado, en un elegante piso de una de las mejores
zonas residenciales de la ciudad. La chica rubia que me abrió la puerta
se presentó como ayudante de Selene (que así se hacía llamar la mujer
del anuncio). Iba vestida con unas bragas blancas y sin sujetador, lo
cual me pareció hasta normal. Fué cuando la chica me pidió amablemente
que la siguiera, cuando me dí cuenta de que las bragas estaban completamente
sucias de mierda por detras. Sentí una sensación repentina de asco, pero
el morbo me dió fuerzas para continuar. Al fin y al cabo yo era el cliente.
Yo era el que pagaba, y nadie me obligaría a nada que yo no quisiera hacer.
De hecho, podría marcharme en ese momento si me viniera en gana. Entretenido
en esos pensamientos llegamos hasta el final de un pasillo oscuro y entramos
en una especie de gabinete. La chica me dijo que entrara y que tomara
asiento. Luego me dió un beso en los labios y al volverse se puso en cunclillas
y dejó escapar una sonora ventosidad. Me miró sonriente y desapareció
tras unas cortinas. -Disculpe a mi aprendiz, señor. Su atrevimiento no
tiene fin. La que así habló fué la tal Selene. Alta y preciosa mulata
de piernas perfectas. Se acercó a mi y me besó en los labios suavemente.
En realidad no me gustó que lo hiciera. Por unos instantes pensé en que
yo era un cliente más...y dada su especialidad, la boca de aquella mujer
no era precisamente lo que más me apetecía besar. Hablamos durante unos
minutos, mientras nos tomamos unas copas. El alcohol me dió valor para
confesar a aquella desconocida las manías de mi mujer. -Entiendo. - dijo
finalmente.- Entonces debo suponer que antes de venir aquí usted se ha
duchado y aseado sus partes íntimas.- -Claro.- respondí, como algo natural.
Y entonces ella derramó sobre mi cara el resto de bebida que aún quedaba
en su copa. Sorprendido, busqué algo con lo que poder limpiarme. Ella
abrió un pequeño cajón y sacó una prenda. Casi con indignación se la quité
de las manos y procedí a limpiarme la cara. Tardé varios segundos en reaccionar.
Quizá fué por el olor intenso. Me quedé mirando aquella prenda. Eran unas
bragas...sucias...aún pringosas de flujo y con descaradas manchas marrones
en la parte de atrás. Las arrojé a un lado. -Si esto es una broma no tiene
ninguna gracia. Me voy ahora mismo. Casi al mismo tiempo que me volvía,
entraron dos tipos enormes, trajeados y mal afeitados. Detrás de ellos,
la chica que me abrió la puerta, con su sonrisa picarona. - Me temo, señor,
que antes tendrá que pagarnos por el servicio. - No pienso pagar por esta
tomadura de pelo. Y tienen suerte de que no vaya ahora mismo a denunciarles
a una comisaría. Los hombres se miraron entre sí y dieron varios pasos
hacia mí. Con el primer puñetazo, el mundo se me vino abajo. Caí contra
el sillón y ya no pude levantarme. Perdí el conocimiento de inmediato.
Me desperté al notar varias gotas calientes que caían sobre mis labios.
Mis manos estaban atadas a mi espalda. Y tambien mis piernas estaban inmovilizadas.
Al abrir los ojos, una nueva gota cayó sobre mi nariz. Descubrí que era
la joven maleducada, quien desde hacía tiempo se había entretenido en
llenar mi cara de asquerosos escupitajos, cubriéndola entera de saliva.
Traté de protestar pero ella acercó su boca y me escupió directamente
sobre la mia. Aún estaba muy aturdido por el golpe. Sentí una nausea que
traté de contener. Ella se sonrió, alocadamente. La oí tirarse otro pedo.
Luego se dió la vuelta y me mostró sus bragas sucias. -¿TE GUSTAN?- preguntó.
Por toda respuesta volví mi cabeza de lado para no tener que ver aquella
inmundicia. Pero una manos de mujer me giraron violentamente, agarrandome
de los pelos. Era Selene. -Eso es una falta de desprecio por tu parte.
Si la señorita te enseña algo, debes mostrar más interés...a no ser que
no tengas muy buena vista y tengamos que enseñarte las cosas más de cerca.
Mientras decía esto, la joven rubia se había subido encima de mi, y amenazaba
con acercarse a mi cara. Fué un auténtico suplicio. Cuando llegué a tener
aquellas bragas sucias a menos de dos centímetros de mi nariz...la chica
se levantó. Respiré aliviado. Pero solo durante unos instantes. Aquella
insensata se estaba quitando las bragas delante de mi. Sus nalgas blancas
y redondas estaban igualmente impreganadas de mierda seca. Comenzó a reirse,
mientras volvía a subirse sobre mi...y esta vez sí llegó asentarse sobre
mi cara, agitándo su culo en medio de violentas convulsiones. Traté de
cerrar bien la boca, pero Selene aún permanecía detrás de mi y dándome
unos tirones de pelo realmente insoportables, me decía que lamiera aquel
culo delicioso...y al cabo de unos minutos de tortura, empecé a lamer.
La chica no paraba de tirarse pedos de una forma constante, haciendo casi
irrespirable el aire. De pronto, la chica levantó su culo. Allí estaba
ese ano palpitante, a escasos centímetros de mi boca. Selene acercó su
lengua al culo de la joven y empezó a escarbar en él, con una maestría
increible. La estaba casi sodomizando, y yo podía verlo todo con una precisión
indeseable. Cada vez que Selene sacaba su lengua, traía consigo una gran
cantidad de mierda que luego se apresuraba a introducir en su boca, saboreándola
con dulzura. Con un fuerte tirón de pelo me indicó que abriera bien la
boca. Y la siguiente vez que extrajo su lengua embadurnada, me la metió
entre mis labios. Era grande e increiblemente rígida, un músculo con una
dureza fuera de lo normal. Me dejé llevar por la locura, sin pensar que
era mierda lo que estaba tragando. Cerré los ojos y la dejé hacer. De
pronto, la rubia empezó a cagarse. Noté una gran cantidad de excrementos
cayendo sobre mi cuello, mi barbilla y mi boca, que aún usaba Selene.
Al retirarse, la realidad se volvió intensa.Insoportable. -Límpiale el
esfinter. Y aquella vez tuve que meter mi lengua en aquel asqueroso agujero
negro, del que no paraba de brotar mierda. Cuando se retiró de mi, mi
voluntad ya no era mía. Sin duda se trataba de una pesadilla y en cualquier
momento despertaría. Al lado de mi limpia limpísima mujer... Cerré los
ojos y noté que se alejaban. Aproveché para intentar dormir. Me sentia
tan sucio... Unas grandes manos me devolvieron de inmediato a la realidad.
Eran los dos matones que me habían impedido marcharme. Estaban desnudos.
Con un calzoncillo me limpiaron los restos de mierda que aún chorreaban
por la barbilla y por el cuello. -Por favor...- supliqué. - Les pagaré
lo que me pidan...pero ayudenme a salir...” Sus risas terminaron por rendir
mis esperanzas. Uno de ellos se aproximó y forzando mi boca con su inmenso
miembro, me obligó a chuparlo salvajemente hasta que terminó corriendose
dentro. Me pareció algo tan asqueroso que esta vez no pude contener el
vómito. Viéndome en ese trance, el segundo tipejo puso mi cabeza mirando
al suelo para que no me ahogara...y casi iba a agradecerselo cuando, apenas
acabando de vomitar, me metío su vergajo sucio y maloliente dentro de
mi boca. Literalmente me folló, sacudiendo su miembro hacia arriba, casi
rozando mi campañilla. Su leche salió con tanta fuerza que se deslizó
directa hacia mi estómago. Pensé que ahora se marcharían , pero se pusieron
a ambos lados de mi cara y comenzaron a orinarse en mi boca, tapándome
la nariz para asegurarse que el líquido caería dentro. -Una rica y espumosa
cerveza para nuestro invitado.- comentaron. La llegada de Selene, en aquel
momento me llenó de angustia. Ordenó a uno de aquellos tipos que se cagara
sobre mi pecho. Pude verlo todo. Mi cabeza me dolía muchísimo, sobre todo
por los tirones de pelo de Selene. De aquel culo gordo y lleno de granos
se deslizó lentamente un gran cilindro de mierda, duro y consistente.
Negro como el ébano. -Hermoso ...¿No crees? - me dijo aquella mujer. Y
agarrándolo con su mano lo arrancó del culo y comenzó a olerlo y a acariciarse
la cara y los labios. Era tan consistente aquel cilindro que apenas dejaba
ninguna mancha. - Este manjar merece la pena compartirlo. - dijo. Y entonces
se metió uno de los extremos en la boca, dejando fuera una gran cantidad.
Con un tirón de pelo, me obligó a abrir la boca para tragar el resto.
Allí depositó aquella inmundicia. Y comenzó a sorber y a lubricar con
su saliva a lo largo de los casi 15 centímetros que sobrsalían de mi boca.
Finalmente, se subió sobre mi cara, se abrió el coño con sus dedos y me
pidió que la follara con aquel improvisado falo . Así lo hice, con la
esperanza de que en algún momento se lo quedara bien dentro. Pero aquello
entraba y salía como el mejor de los consoladores. Finalmente se corrió,
aplastando la mierda contra mi boca. Al partirse, el excremento se volvió
más blando y comenzó a oler intensamente. Y para colmo, la muy guarra
empezó a orinarse en mi boca mientras me obligaba a masticar y a tragar.
Todos mis dientes quedaron manchados. Me venían arcadas pero ya no tenía
fuerzas para vomitar. Cuando me desataron toda mi ropa estaba sucia y
maloliente. Me pusieron un collar en el cuello y me llevaron a cuatro
patas hasta la cocina. Alli encontré comiendo a la rubia. Me pusieron
de rodillas a su lado y mientras comía me obligó a lamerla el coño humedo
y con intenso olor a orina. Cada vez que ella quería, me levantaba la
cabeza y me escupía en la boca los restos de comida masticada. En una
esquina, uno de los matones vomitaba su borrachera en un cubo. Cuando
vi que venía hacia mi, temí lo peor. Me puso el cubo al lado y me ordenó
limpiarlo. Cuando le pregunté cómo...el simplemente me lanzó un cazito
al suelo. Fué entonces cuando empecé a llorar desesperadamente...mientras
la rubia metía sus pies descalzos dentro del cubo y me ordenaba besárselos.
Se que aquello acabó en algún momento...porque la policia me encontró
dormido entre unos cubos de basura. Tras mi relato, mi mujer estuvo sin
querer acercarse a mi durante meses. Pero he decidido cambiar eso. Aquella
experiencia me ha cambiado mucho. He aprendido mucho acerca del asco...y
creo, sinceramente, que mi mujer aún puede superar su manía por la limpieza.
De hecho, creo que esta noche voy a usar su boca como retrete...pero eso
ya es otra historia...
|