Vivo
en Madrid y me llamo Paula. Tengo 30 años. Estoy divorciada y no tengo
hijos. Yo creo que la causa de mi divorcio fue el trabajo tan estresante
que tengo. Me casé muy enamorado de mi marido, y yo creo que él también
de mí. Él tenía un trabajo mucho más relajado que el mío, pero no por
ello sin problemas. Yo aportaba más dinero a la casa, y eso tenía a mi
marido acomplejado. A los dos años de casados, me dejó por una compañera
de trabajo. Mi trabajo, como digo, es muy estresante, y como no tengo
dificultades económicas, me planteé el contratar a una chica para que
me hiciera el trabajo de la casa, a pesar de lo poco que me suponía, en
fin: lavar mi ropa, hacerme la comida y la limpieza de un piso que apenas
lo piso. Puse una oferta en un agencia y me llovieron las chicas, pero
era disparatado el precio que me exigían. Había una que sí me convenció.
Era una chica filipina o vietnamita, no lo sé. Comprendía bien el español,
pero lo hablaba con mucha dificultad. Aquella chica pedía un sueldo de
cuarenta mil pesetas, y a cambio se quedaba interna en la casa. Esta chica,
que se llama Who, era una muchacha de 18 años, cuerpo muy delgadito, y
yo le sacaba la cabeza. Su pelo era negro y lacio y su piel muy morena.
Tenía una boca de labios largos y delgados, y la nariz y los ojos de las
orientales. Sonreía continua y humildemente. Comprobé que los papeles
estaban en regla y firmamos en la agencia el contrato de trabajo. Yo soy
rubia y de piel bastante clara. Mis ojos son marrones claros y se puede
decir que para mis treinta años me conservo bastante bien. Debe ser debido
a la dieta y beber mucha agua, aparte del ajetreo diario del trabajo y
a hacer algo de ejercicio los fines de semana. Mi trabajo me obliga a
combinar el tono serio de mis vestidos con un toque sexy que me hace triunfar
entre los hombres. Estoy muy orgullosa de mis cuerpo: unas tetas grandecillas
pero bien puestas, una cintura estrecha, la barriga en su sitio, un culito
respingón, en unas caderas anchas, y unas piernas largas pero gorditas.
Who se vino a trabajar conmigo esa misma tarde. Confieso que al verla,
se me pasaron ideas muy raras por la cabeza. Nunca he tenido a nadie de
aquella manera, digamos, a mi merced. La obligué a ponerse un uniforme
para trabajar en casa. Era una falda por encima de la rodilla que debía
acompañar con una pieza delantal que le cubría la parte delantera, como
un uniforme del colegio. La regañaba constantemente por que me gustaba
verla bajar la cabeza y responderme humildemente: "Chi senola, como uté
diga, senola". Me gustaba obligarla a repetir las labores de la casa.
En definitiva, me desahogaba con ella por el stress del trabajo. Un día
la llamé para preguntarle por la ropa planchada el día antes. Ella se
estaba duchando. "Vaya" pensé "No tendrá tiempo de ducharse cuando yo
no estoy. La habitación donde Who dormía estaba junto a la cocina, y tenía
anexo un pequeño baño con un plato de ducha. Entré en el baño despacio
y la vi ducharse. Tenía un cuerpo delgado, pero a pesar de ello, muy bien
formado. Sus piernas eran regordetillas y algo cortas. Sus tetas eran
pequeñas y pegadas a su cuerpo. Su pezón oscuro y diminuto estaba rematado
en una punta desafiante. Esto me llamó la atención, pues mis pezones son
rosados y grandes, y la punta no se distingue ni muchísimo menos como
los de Who. Tenía una cintura estrecha y unas caderas anchas. Me descubrió
mirándola. Yo para despistar le pregunté por la ropa, pues había olvidado
las llaves en la chaqueta, seguro. Ella me lo indicó y luego, mirando,
sonriéndome me dijo algo que entonces no comprendí "¿Quelel enjabonal
espalda?¿Quelel?. No comprendí lo que me dijo y no le hice mas caso. Ese
día fue un día fatal en el trabajo. Así que vine súper estresada. Nada
más llegar le eché en cara que se duchara por la mañana, pudiéndolo hacer
cuando yo no estaba o levantarse antes. Me miraba con humildad. Por vez
primera le miré a las piernas y me di cuenta que no llevaba medias. Le
pedí la cena. La cena era un plato de comida asiático tradicional que
lo rechacé casi sin probarlo. Who se entristeció y yo casi me alegraba
de aquello. Con razón mi marido se separó de mí. Soy insoportable a veces.
Estaba sentada en el sofá, viendo la tele, y entonces me sorprendieran
unas manitas delgadas que me tocaban en el hombro. Aquello era delicioso,
que relax. Me entró como un sueño que me hacía olvidar de todos los problemas.
Who me repetía desde detrás de mí :"Senolita descansal, senolita no ploblemas,
yo masague senolita." Me estuvo tocando los hombros y el cuello hasta
quedarme totalmente relajada."Tu, tensa, tu,tensa, Yo lelajalte". Me explicó
que en su país, ella daba masajes a la gente, y de ahí la experiencia
que tenía. La verdad es que lo hizo muy bien. Empecé a regañarle menos,
pero me di cuenta que cada vez se tomaba más confianzas en la casa, utilizando
la taza de la misma vajilla en que me servía yo el desayuno, comiendo
fuera de las horas que tenía marcadas para comer. ¡Incluso a veces salía
fuera de la casa los días laborables a comprarse chucherías al kiosco
de la esquina!. Yo no sé si esta actitud le venía de que le regañaba menos
o de mi actitud hacia sus masajes. En efecto. Who comenzó a hacerme los
masajes todos los días. Al poco tiempo, me convenció de que lo mejor era
que yo me tumbara sobre la cama, de cara a la cama, mientras ella me daba
golpecitos rítmicos con el canto de la mano y me apretaba los hombros
y el cuello. Pronto me convenció de que era mejor hacerlo sin la camisa
puesta. Ese día me dijo"Tu tímida, tu no ploblemas yo" y me desabrochó
el sujetador. Poco a poco me fui convenciendo de que era una experta haciendo
masajes, así que no puse objeciones cuando se sentó sobre mí para hacerme
los masajes sobre la espalda. ¡Qué poquito pesaba!. Sus manos se deslizaban
por mi espalda, cada día un poco más lejos de la espina dorsal y más cerca
de mis senos. No le daba importancia, como tampoco le daba importancia
a que comenzara a relajarme pasando sus labios por mi espina dorsal. Era
realmente relajante."lengua mohada come tensión, tu dejal yo lamel columa
velteblal " . Who comenzó a desvestirse y vestirse delante mía sin pudor.
Se quitaba el uniforme para ponerse una bata cuando me recogía la cena,
para darme los masajes. Aquella batita dejaba al descubierto sus muslos
y un escote que le llegaba al ombligo, entre sus dos tetitas planas. Comenzó
a darme los masajes de aquella manera. Yo sentía el calor de su entrepierna
en mi zona lumbar. Luego sentía la textura de la bata sobre mi espalda
mientras me lamía la columna y me mordisqueaba el cuello, a la par que
sus manos acariciaban mis costados, rozando la parte mas exterior de mis
senos. El día que empezó a hacerme aquello, empecé a sentir una extraña
excitación. Mi sexo comenzó a sentir el peso de la sangre acumulada, y
Who, experta en este tipo de asuntos debió de notarlo, porque a partir
de ese momento los acontecimientos empezaron a precipitarse. Un día, Who,
después de la cena, vino como siempre, con su mini bata. Me llevó a la
cama, pues desde hacía tiempo era ella la que dulcemente me llevaba a
la cama. Yo había tenido un día muy jodido en el trabajo y esperaba sus
masajes con desesperación. Tumbada en la cama, volví la espalda hacia
un lado y pude ver que Who se había quitado la bata, y solamente estaba
en bragas. Unas bragas que me gustaron mucho cuando las vi. ¡Pero si eran
mías!. Le recriminé con dureza que tuviera puestas esas bragas que me
habían costado 5000 pesetas. Who miró hacia abajo dubitativa. Yo proseguí
regañándola y diciéndole lo a disgusto que estaba con ella. Who estaba
a punto de llorar. ¡Ay como me hubiera gustado verla llorar!. Pero en
lugar de eso, ella se recompuso y me pidió que la esperara. Vino con una
de sus bragas. Eran unas bragas baratas, sin ningún atractivo. Se puso
la bata y comenzó a darme masajes. "Tu hoy muy tensa, yo lelejalte,".
Comenzó como siempre con los golpecitos y los amasamientos de músculos.
Luego su lengua comenzó a lamerme la columna y los hombros. Sentí como
me agarraba de los brazos y entonces, en lugar de sentir la bata, sentí
sobre mi espalda el tacto cálido, blando y suave de sus pequeños senos,
mientras sus besos se convertían en bocaditos en el cuello. Intenté deshacerme
de ella, pero me fue imposible. Mientras más me movía mayor era el roce
de mi espalda contra sus senos. Yo le pedía que me soltara"Who, ¿Qué haces?
Me haces cosquillas". No eran cosquillas lo que estaba sintiendo. Mi conejo
estaba mojándose por momento y Who lo sabía. "Tu tensa y excitada, Yo
te doy lelax y plaser. Tu deja mí. Yo sabel. Yo mastulbalte, Yo hacer
paja y tu quedal tlanquila" Me negué en rotundo y conseguí apartarla de
mí dándole un fuerte grito. ¡Que grandísima idiota fui! Who se levantó
contrariada y abandonó la cama cabizbaja. Yo me quedé así de caliente.
Esa noche no pude conciliar el sueño hasta que me masturbé tras acariciarme
durante un largo rato, imaginando la escena de hacía unas horas. Me masturbé
en un plan tan salvaje, que la cama de matrimonio se movía y todo de la
manera en que mi cuerpo se convulsionaba por las caricias que mis dedos
le prodigaban aquí y allí. He de confesar que la costumbre de masturbarme
la había perdido ya, hasta que Who comenzó a lamerme la espalda, pero
nunca hasta ese día lo había relacionado con ella. Desde ese día. Who
no volvió a darme masajes. Tenía un actitud algo rencorosa conmigo. Yo
estaba llena de orgullo y me iba a la cama sin decirle nada, aunque me
quedaba esperando que ella apareciera de un momento a otro para continuar
esa historia que habíamos dejado interrumpida. Pasaron dos semanas en
que empecé a volver a tratar a Who de una manera injusta y despótica,
a pesar de su excelente comportamiento en la casa. Ella ni rechistaba
y aguantaba las broncas con una proverbial paciencia. Era tan cruel que
llegué incluso a insultarla, llamándole torpe y vaga. Creo que influyó
tanto su negativa a continuar con los masajes como la peor temporada de
trabajo de mi vida. Su paciencia rebosó un fin de semana. Ella tenía derecho
a unos descansos dominicales de medio día. Nunca los había tomado, pero
la pobre, en vista de mi actitud, lo pensaba tomar. Yo se lo recriminé.
"Nunca te has ido y ahora te vas. ¿Por qué? ¿Es que no estás a gusto en
la casa?". Me respondía políticamente. La amenacé: "¡Haz lo que quieras,
pero si te vas a dar un paseo esta tarde, con la casa como está, es mejor
que no vuelvas!" La casa estaba impecable. Who no lo pudo resistir más
y se fue a su habitación llorando. Se encerró durante toda la tarde y
al final me conmovió. "Who, pequeña, no llores, cielo...Es que estoy muy
estresada. Lo siento. Abre y perdóname, por favor". Who era una chica
estupenda y no tardó en abrir la puerta con lágrimas en los ojos todavía.
La abracé y la quise besar en la mejilla. Nuestras bocas se rozaron levemente.
Mis pezones se erizaron. "Necesito que me des tus masajes", le confesé.
Who comenzó a trabajar, mientras yo la observaba de reojo. Apenas si intercambiamos
palabras. Yo intentaba romper el hielo, para ver el estado de Who, quería
saber si me guardaba rencor. Me preparó la cena. Por vez primera consentí
en que comiera a mi lado. Ella seguía callada a pesar de todo. Me preparé
para dormir. No obstante, esperé un rato para ver si venía a hacerme los
masajes. No vino. No lo aguantaba. Al día siguiente la echaría. Me desnudé,
quedándome sólo con las bragas puestas, pues hacía mucho calor. Me despertó
la luz de mi cuarto que se había encendido. Lo primero que vi fue a Who,
delante mía, desnuda totalmente. ¡Que bella y sedosa caballera negra le
cubría el sexo! Me miraba con una mirada maliciosa. Pronto me di cuenta
que mis manos estaban atadas las dos juntas, al cabecero de la cama. "¿Qué
haces?" le dije temerosa y excitada. Who me contestó "Date vuelta, cala
contla cama. Yo hacelte masague de puta madle. Tu tensa, yo lelagalte.
Tu mujel nueva". La obedecí. Who se sentó sobre mi y comenzó a menear
sus tetas en mi espalda mientras me decía cosas increíbles "Tu putita.
Yo sabel desde que yo vi tú en agencia" . Sus manos manoseaban mis nalgas,
a las que previamente había liberado bajándome las bragas. Me movía las
nalgas de arriba abajo y las separaba. Me daba bocados en el cuello, los
hombros y me devoraba el lóbulo de la oreja. Yo insistía en que me dejara
libre."Tu follal conmigo. Tu desealme." Who me ordenó darme la vuelta,
lo que hice con dificultad, por estar ella entre medio. Se colocó de rodillas
entre mis piernas y se abalanzó sobre mí, comiéndome la boca primera,
mientras amasaba y pellizcaba mis senos. Luego comenzó a comerme los pezones,
alternando un ritmo suave de lametones, con una agresividad medida de
mordisquitos. A estas alturas ya tenía las bragas súper mojadas. Who debió
de sentir mi humedad al clavar su rodilla en mi conejo, mientras restregaba
sus tetitas contra mis pechos. Nuestros pezones tropezaban y se excitaban
mutuamente. Sus manos me cogían de las caderas y oprimían mi sexo contra
su pierna y no paró hasta que comencé a frotarme yo mismo contra ella.
Sentía un calor en el vientre que me subía por la cabeza y me bajaba hacia
la vagina. Me abandoné a Who y a mi propio orgasmo. Le pedí que me soltara.
Yo creí que todo había acabado ya, pero me equivocaba. Se puso sobre mi
vientre, de forma que sus piernas colgaban a ambos costados. Sentí el
suave pelo de su sexo sobre mi ombligo y su humedad. Me hizo una pregunta"¿Tu
volvel amenazal con echalme?" . No le contesté y volvió a repetir su pregunta.
Tras esperar mi respuesta me abofeteó. Me sentí humillada como había pretendido
humillarla tantas veces. "No jamás volveré a amenazarte", le contesté.
Entonces se abalanzó sobre mi cara y me dio un beso largo y me penetró
con la lengua, mientras me mordía con sus labios. "Yo no acabal aún, tu
gozal hoy mas que todo tu vida, zolita" Comenzó a bajar por mi cuerpo,
besando mis tetas y mis pezones, mientras sus manos no se separaban de
mis tetas y mis pezones, me besó las costillas, el ombligo, la ingle,
y al final, sus labios me mordieron el clítoris y estiraron de él como
queriéndolo arrancar. Mi chocho comenzó de nuevo a funcionar. Su lengua
lamió la raja de arriba abajo, y comenzó a golpearme el chocho. Intentaba
profundizar en mi interior, para lo cual se ayudaba ahora de sus manos,
que separaban los labios del toto y aprisionaban mi botón entre sus dedos.
Tenía fuego en mis pezones y en el clítoris. Sentía con temor la presencia
de un dedo travieso en mi nalga. Mi excitación iba en aumento. Comenzaba
a balancearme rítmicamente de nuevo. El dedo se acercaba por la parte
baja de la nalga hacia el oscuro agujero. ¿Será capaz? ¿Lo hará?. Descubrirlo
me provocó el segundo orgasmo mientras aquel dedo me hacía cosquillas
entre las dos nalgas buscando el calor de mi ano. "Por favor, déjame descansar
y suéltame", le pedí a Who. "De eso nada. Yo tlabajal mucho y tu no hacel
nada. Tu solo lecibil. Ahola tu tlabajal". Who fue subiendo a gatas por
mi cuerpo y de repente se sentó de rodillas sobre mi cara. Yo tenía su
coño en mi boca. No sabía que hacer. Who me agarró la cabeza con las dos
manos y comenzó a moverla y moverse ella como más placer le producía.
Su sexo estaba mojado y podía oler su fragancia deliciosa. Pronto me di
cuenta de cuál era su clítoris y lo lamía y besaba continuamente. Desde
abajo, sus tetas parecían algo más grandes. Sus pezones destacaban como
una cereza negra sobre sus tetas. Deseé tocarlos, pero no podía desatarme.
La violencia de sus movimientos me comunicaba la cercanía del orgasmo.
Who me cogía cada vez más fuerte de los pelos y sus jugos se esparcían
por toda mi barbilla y mi boca. Se desplomó hacia atrás, cayendo sobre
mis senos y entre mis piernas. Yo pensaba que esto había acabado ya, entre
otras cosas por que nunca había tenido antes más de dos orgasmos seguidos,
Me equivoqué. "Esto tenel acabal mejol, Tu espelal, yo idea". Esperé unos
minutos, así atada, reflexionando y llegando a la conclusión de que aquello
me gustaba. Vino entonces Who escondía algo en la mano. No descubrí entonces
que era. Se sentó a los pies de la cama y comenzó a lamerme y comerme
cada dedo de los pies. Luego, metió una pierna entre mis dos piernas y
fue aproximándose a mí, con una pierna mía colgada sobre mi hombro, hasta
que ambos conejos entraron en contacto, nuestros pelos se rozaban, nuestros
sexos se mojaban mutuamente. Who comenzó de nuevo a menearse cíclicamente
contra mí, y yo me dejé llevar por la inercia. Sentí un piececito diminuto
posarse sobre mi pecho, y luego buscar mi boca, así que yo también le
lamí los dedos de los pies. Cuando estábamos metidas en faena, entonces
Who sacó el objeto que había traído y no había conseguido descubrir que
era. Era una zanahoria bastante larga. La colocó entre las dos, metiéndosela
primero ella y luego, aunque yo me negaba, "No, eso no, no, no..." Me
sostuvo de tal manera con sus piernas, que la otra punta entró en mí.
Hacía año y medio que no me entraba nada, y fue un consuela aquello ,
Comenzamos a movernos como locas, la una contra la otra. Lo que una dejaba
en la retirada, le entraba a la otra en la avanzada. Pronto nos volvimos
a correr, esta vez, la una contra la otra y permanecimos así un largo
tiempo... Desde esa noche, Who duerme conmigo en mi cama. En el trabajo
me va mejor. Yo creo que el no mojar contribuía a que me tomara las cosas
en el trabajo que me producía un gran estrés. Cuando llego a casa, descanso,
y tras el descanso, Who me entrega el uniforme y ella se pone la bata.
Me acerco a ella, que está sentada en el sillón, y ella abre las piernas
para ofrecerme su tierno conejito. Después de comérmelo, deja que ella
haga conmigo lo que quiera...
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